Victor Hugo

Traigo de nuevo al presente la palabra universal del escritor francés, siempre actual.  Este pensador, autor de una producción novelística, dramática y lírica que continúa inspirando a otros creadores y hablando a los pueblos del mundo, publica su último volumen: «El arte de ser abuelo» (1877).  De allí extraigo un fragmento perteneciente al poema «Fraternité»:

(1802-1885) 

 

Ya en su ancianidad,  con una lucidez  trascendente, este vate -poeta y profeta- coloca a los niños como eje espiritual del sentido que asigna a la existencia.  A ellos dedica su atención, su cuidado. Ellos impulsan renovadas energías  para seguir sosteniendo ideales  por los que luchó  desde su juventud:  Libertad, Igualdad, Fraternidad .  En   estos pocos versos podemos percibir la riqueza del despojamiento  retórico: una enumeración  en la que el yo lírico declara  y se confiesa a la vez.  Lejos de la tribuna política pero haciendo oír su voz públicamente; con el peso del sufrimiento  a causa de  severas pérdidas y ,sin embargo, capaz de transformar el dolor en música del alma.  El sujeto sueña Valores, no sueña con valores; está  consciente  del incumplimiento de aquellos ideales y  sigue enarbolándolos, porque piensa  en los niños del mundo.  Ellos merecen  que sus mayores les  dejen un mundo mejor.   En ellos se encuentra el estado de inocencia  que permite imaginar el paraíso.  Estamos en deuda.

 

Dra. Berta Kleingut de Abner

 

 

 

 

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