Rainer Maria Rilke

Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-1926)

 

Un caso digno de ser recordado, el del gran poeta en lengua alemana, que escribió sus últimas obras en francés,  por gratitud a su mecenas (Werner Reinhardt), al cantón de Valais y  a  Francia, donde desarrolló en plenitud la finura de su arte.  Fijó su residencia en el pequeño castillo que le fue obsequiado desde 1921 hasta su muerte.  Entre los volúmenes escritos durante esa etapa, he elegido un poema perteneciente a «Les Roses» , por la limpidez magistral  del conjunto y la original delicadeza  estilística  en el tratamiento del tema.

 

 

Quizá la escritura de su propio epitafio nos permita compartir mejor ese universo espiritual, conflictivo,  solitario del autor:  «Rosa, oh, contradicción pura en el deleite/de ser el sueño de nadie bajo tantos/párpados».  El yo lírico, lector  de la naturaleza y de las cosas del mundo,  observa la flor para captar el misterio de su belleza, para poder transcribir la multiplicidad de sus percepciones, emociones, sentimientos,  La sugerencia panteísta se presenta a través de la metáfora que asimila todo lo viviente, a un origen divino: un estuche de sinónimos cuyo significado es Dios.   El Libro, el Verbo, la Palabra. Ese cosmos se encarna en la rosa, arquetipo de hermosura.  Pero  el libro sólo está entreabierto, no se puede acceder a su totalidad: sus páginas -pétalos-  albergan la perfección, inaccesible  a la mirada humana.  Únicamente la introspección, la imaginación poética, lograrán acercarse a un reconocimiento del enigma.  Las mariposas, a semejanza de la rosa, aúnan la belleza absoluta y la fugacidad: lo perdurable y lo perecedero.   Decía Rilke: «El amor vive en la palabra…»  Es una forma de eternidad.

 

                                                                                             Dra. Berta Kleingut de Abner 

                          

 

 

 

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